Fábrica de Sedas

De la antigua fábrica de sedas solo quedan dos edificios-torre gemelos, de cuatro alturas. A esta fabrica alude Pedro Antonio de Alarcón en su libro de viajes La Alpujarra, “desde hace cuatro años hay en Ugíjar una fábrica de filaturas de seda con doscientas operarias, establecida por unos industriales de Lyon, Francia”. La escritora Ana María Callejón en su libro Heroínas anónimas, nos informa que según D. Francisco Ildefonso Aguado García, que ha sido capataz de Sedas Orihuela S.A. (Durante 30 años, desde 1947 a 1977): a la fábrica que era de tres socios, se la denominaba “Fábrica de Sedas la Virgen del Martirio”. Estos accionistas franceses venderán la fábrica en los años 40, del siglo XX, a Sedas Orihuela S.A., pero con trabajo distinto, puesto que ya no transformaban, solo recogían capullos, los pesaban y los ahogaban y repartían las semillas, y con el tiempo gusanos para que las personas que lo solicitasen los criasen.

Durante todo el proceso de cría, hombres y mujeres que trabajaban para Sedas Orihuela se encargaban de supervisar que todo fuese correctamente e iban visitando todas las casas y anotando todas las incidencias de la cría, cuándo dormían, el tamaño de los gusanos, etc. En Válor estaban las señoras Cerezuela, que llevaban la zona de Válor, comprendiendo esta Válor, Nechite y Mecina Alfahar. La zona de Laroles la llevaba D. Ramón Olvera López y comprendía Laroles, Paterna del Río y Bayárcal. D. Francisco Ildefonso llevaba la de Ugíjar y Cádiar, abarcando esta última: Cádiar, Notáez, Cástaras, Nieles, Tímar, Lobras y Narila, aunque realmente este señor supervisaba a su vez todas las zonas. En los hogares solía participar toda la familia en la cría, recogida de la hoja de morera y en el trasporte, poda de morales, etc. Pero quien cuidaba fundamentalmente de tenerles comida y limpias las camas eran las mujeres, era una manera de trabajar sin salir del hogar y al mismo tiempo contribuir a la economía familiar.

Este edificio durante la Guerra Civil tuvo distintas funciones: se utilizó como hospital, como cárcel, como parque móvil y como iglesia.

EL TELAR

Pequeña industria de artesanía de origen nazarí que ha perdurado hasta finales del siglo XX elaborando los tan conocidos “tejidos alpujarreños”. Tarea reservada a las mujeres, constituía un complemento a la economía doméstica. Con lana y restos de telas viejas hechas jirones en largas y estrechas bandas horizontales elaboraban jarapas, mantas, alforjas… Se utilizaban motivos ornamentales como granadas, gallos, gitanos, cestas, uvas, leones o flores. El resultado era tejidos de vivos colores, referentes a la cultura de esta Comarca. Se pueden encontrar, diferentes tipos de bienes muebles en el Centro de Patrimonio Cultural de la Alpujarra y en el Centro de Interpretación de la Alpujarra.

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